• R. Gurley

Se necesita una comunidad

La petición de una vida sin violencia parece razonable. Sin embargo, esta petición ha sido históricamente aplastada afectando a pequeños grupos marginalizados como son las mujeres al rededor del mundo. Bolivia enfrentó este problema con la Ley 342. La Ley 342 fue la primera ley boliviana que garantizaba a la mujer una vida sin violencia. Un derecho entregado a la mujer boliviana en el 2013. Esta ley llega tarde, pues la violencia hacia las mujeres ha sido sistemáticamente ignorada como señala Amanda Martin, directora de “Etta Projects Community Transformation Center”. “Son temas que no se discuten, la violencia hacia las mujeres, el acoso sexual, el abuso infantil, el abuso de niñas pequeñas, el abuso de mujeres adultas, la violación; todos estos temas quedan relegados en Bolivia. Nadie quiere hablar de esto, es como un secreto oscuro que afecta a todas las familias” – señala.



Este tema afecta a Amanda Martin también. La violencia de género interrumpió su vida después de llegar a Bolivia para trabajar en Etta Projects, una ONG rotativa que trabaja de la mano con comunidades rurales en la parte oriental de Bolivia, mejorando su sistema de salud. Su pareja de mucho tiempo se puso violento. Martin cuenta que “estaba manejando en el auto cuando se avalanzó tratando de estrangularme, luego tomó el machete que suelo guardar debajo del asiento, es que vivimos muy lejos en el campo donde es muy común usar un machete para limpiar el camino de vegetación. El tomó el machete y trató de hundirlo en mi pecho mientras me estrangulaba. Pude parar el vehículo, abrir la puerta y rodar hacia la carretera donde un camión me vio y paró. Tres hombres bajaron del camión y les pedí que detuvieran a mi ex pareja, lo cual hicieron.”

Mantener a su pareja detenida fue muy difícil a pesar de la ley 342. Martin cuenta que, “Todo el proceso, cada paso del proceso, fue increíblemente difícil conseguir que alguien haga algo en la oficina del defensor del pueblo, en la comisaría, en la oficina de fuerzas especiales para la mujer, en la oficina de servicios legales para la mujer y en el consultorio de medicina forense. Atravesar por el proceso de perder a alguien que amas mientras tratas de ser tu propia abogada, trabajadora social, terapeuta, acompañante. Tratar de conseguir que arresten a una persona es absolutamente extenuante.” La ley 342, al final, no ayudó al caso de Martin. Ella dice, “fue una proceso tortuoso, tedioso, extenuante y no llegó a nada. No hubo juicio, el nunca fue procesado”.

Su experiencia personal y las historias que escuchó de otras mujeres la inspiraron a fomentar un cambio. Ella cuenta que “el escuchar los testimonios de mujeres, una tras otra, tras otra, 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7 veces, decidí que tenía que hacer algo al respecto. Me senté, me acuerdo que era muy tarde, un viernes en la noche, una de nuestras promotoras de salud se estaba quedando en la oficina porque tenía miedo de volver a casa y encontrarse con su esposo, quien estaba siendo extremadamente abusivo, así que ella buscó refugio con nosotros. Me senté con ella y escribimos una gran propuesta para un programa de entrenamiento de promotores de salud y derechos de la mujer en las comunidades, para crear defensores de estos derechos que puedan trabajar junto a la defensoría del pueblo en Bolivia. Cada municipio tiene una de estas oficinas que promueven los derechos de la mujer, para que las mujeres se informen sobre esta nueva ley que garantiza una vida libre de violencia. Había que tomar esta ley que está tan bien escrita en papel y empezar a educar a las personas sobre su contenido, que significa, cuáles son los derechos que la ley defiende y los derechos que tienen las mujeres bolivianas.”

El trabajo de Martin ha ayudado a sanar a otras personas, como a ella misma. Ella nos comenta, “estoy en un lugar mucho mejor ahora, mucho mas fuerte. Creo que los sucesos horribles en la vida pueden ser oportunidades para despertar, crecer y empoderarnos, eso es definitivamente lo que me sucedió a mi. He podido tomar esa situación, transformarla y crear mas oportunidades para otras mujeres bolivianas que necesitan encontrar su voz para levantarse, decir sus verdades de forma colaborativa, trabajar juntas desde orígenes y perspectivas diferentes, pero como mujeres unidas en el derecho de vivir nuestras vidas sin violencia.” Esfuerzos como los de Amanda Martin en el proyecto Etta Projects son importantes en un mundo donde las mujeres tenemos que pedir no ser golpeadas, abusadas, violadas o ignoradas. Con esfuerzos como estos, quizás algún día, la petición de una vida sin violencia no será una tan difícil de conseguir.

Si estas interesadx en aprender mas, ser voluntarix, o donar a Etta Projects y su comunidad de entrenamiento, por favor visita http://www.ettaprojects.org/

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